AMÉN

AMÉN
Dios les bendiga

jueves, 5 de noviembre de 2015

BIOGRAFIAS DE GRANDES CRISTIANOS

BIOGRAFIAS DE GRANDES MISIONER@S
AQUI ENCONTRARAS LAS BIOGRAFIA DE GRANDES HOMBRES Y MUJERES DE DIOS QUE LO ENTREGARON TODO POR SU OBRA
HUDSON TYLOR
La vida del misionero al país qué tanta ayuda necesita: China. 

Mucho antes de que Hudson Taylor naciera sus padres lo dedicaron al Señor. Habían leído en Éxodo 13:2: “Conságrame todo primogénito”; y habían comprendido sabían que este mandato divino se refería no sólo a lo que poseía en el hogar y en la familia. El 21 de mayo de 1832, en Yorkshire, Inglaterra, les nació un hijo, y le pusieron Jaime Hudson Taylor.
Desde sus días de niño de brazos, Hudson Taylor fue llevado al templo evangélico.  Entre sus recuerdos más tempranos conservaba el cuadro de su abuelo y su abuela, sentados directamente detrás de él y de sus padres.  Gran parte de su educación le fue dada en su propio hogar. Su padre le enseñó el alfabeto hebreo; y, antes de que cumpliera cuatro años, su madre le había enseñado a leer y a escribir. Como muchos otros niños, Hudson Taylor acostumbraba jugar “a la iglesia”, junto con su hermano y su hermana. La silla de su padre les servía de púlpito, y el tema predilecto de los sermones infalibles era las tinieblas de los países paganos. Esto era lo que solía oír, tanto en su hogar como en el templo.
                                            
“Cuando yo sea grande” decía Hudson, “quiero ir como misionero a la China”.

En el hogar de los Taylor la norma era que los centavos tenían que ser ganados. Los padres de Hudson creían que sus hijos debían comprender el valor del dinero, y darse cuenta de que debían aprender a ganarlo de manera honrada. Por lo tanto, les asignaban algunos quehaceres domésticos como trabajos.

A los niños Taylor se les había enseñado que no debían pedir nada en la mesa. Un día, cuando tenían visitas para la cena, el plato de Hudson fue pasado por alto. Durante largo rato se quedó sentado sin decir nada. Al fin, aprovechando una pausa en la conversación, Hudson pidió que le pasarán la sal. El invitado que estaba sentado a su lado miró su plato vació y le preguntó: “¿Para qué quieres la sal?”. Hudson replicó que quería estar preparado para cuando su madre le sirviera la comida.

Otra de las lecciones que Hudson Taylor aprendió de sus padres fue la puntualidad. “Supongamos” le decía su padre, “que hay cinco personas, y que se les hace esperar un minuto. ¿No ves que son cinco minutos perdidos, que no se recobrarán jamás?”.

El Sr. Taylor estimulaba y fortalecía la vida espiritual de su hijo. A diario, durante su niñez, Hudson era llamado a la habitación de su padre, par tener un rato de oración y estudio bíblico. Además se le enseño a tener su propio tiempo devocional a solas con Dios. Pronto aprendió a dedicar unos minutos antes del desayuno, y otros por la tarde, a la lectura de la palabra de Dios y a la oración.

Debido a que Hudson Taylor era enfermizo, no le fue posible asistir regularmente a la escuela. Pero las clases que su madre le daba eran conducidas de manera sistemática y consistente; de modo que, como resultado. Hudson Taylor avanzó en sus estudios mucho más que los niños que asistían a la escuela.

Las misiones al extranjero era uno de los constantes temas de conversación y oración en el hogar de los Taylor. El padre sentía un anhelo especial de que el evangelio llegara a la China. Hablaba mucho del país, y oraba mucho por dicha nación. Cuando Hudson tenía siete años, se realizó un culto de celebración, durante el cual recogieron ofrendas de acciones de gracias, y se elaboraron plegarias por el mundo entero. Después de este culto de celebración, el padre de Hudson comentó que varios misioneros habían salido recientemente, pero que ninguno de ellos había ido a la China. Este hecho, juntamente con la lectura del libro La China, de Pedro Parley, hizo una profunda impresión en J. Hudson Taylor. No obstante, los Taylor ya habían abandonado las esperanzas de que Hudson pudiera dar cumplimiento a sus deseos, pues el niño era muy enfermizo.

Cuando Hudson tenía diecisiete años y medio comprendió que Dios lo había llamado para servirle en la China. Poco tiempo después, empezó a prepararse para la obra misionera. Lo primero que hizo fue procurar mejorar su salud. Se sometió a un programa de ejercicio físico, y trató de pasar más tiempo al aire libre. Dejó a un lado su colchón de plumas, a fin de prepararse para una vida de rigores y asperezas. De manera habitual repartía tratados, enseñaba una clase de escuela dominical y visitaba a lo s pobres y a los enfermos.

Aunque no tenía ningún libro que le enseñara el idioma chino, poseía un ejemplar del evangelio según san Lucas en ese lenguaje. Usando tal libro como texto, dedicó muchas horas al estudio del idioma. Con la ayuda de un primo hermano, Hudson Taylor pudo compilar un diccionario chino que contenía unos quinientos caracteres.

A los diecinueve años salió de su hogar, para estudiar medicina y cirugía, convencido de que esto le sería provechoso en el campo misionero. Tan decidido estaba en cuanto a ir a la China, que resolvió trabajar con el fin de ahorrar dinero para el pasaje.

Por fin llegó el día anhelado, y Hudson Taylor se embargó en un buque que iba a hacia la China. Era un barco de velas, y requería de viento fuerte y constante para llevarlo a su destino. Un día, en plena mitad del océano, el viento dejó de soplar.

“Hemos hecho todo lo posible” dijo el capitán. “Todo lo posible, no” replicó Taylor. “Habemos cuatro creyentes en la nave. Le pediremos a Dios que nos mande el viento que necesitamos”. Los cuatro entraron en uno de sus camarotes, y empezaron a orar. Pronto se levantó un fuerte viento, y la nave comenzó a avanzar de nuevo. Todos ellos marineros y los pasajeros se sorprendieron, menos los cuatros creyentes que había elevado su plegaria al Señor. Estos sabían que Dios tiene poder para enviar el viento.

La travesía no resultó nada fácil. De hecho, por poco termina en desastre, por cuanto la nave fue atrapada por una fuerte tormenta; luego por un espantoso ciclón, y también por una ventisca cegadora. Sin embargo, por fin, luego de cinco meses y medio de navegación llegaron a Shangai, en la China.

Hudson Taylor había estado esperando dedicarse de lleno a la obra misionera. No obstante, se topó con muchos obstáculos que le impedían desarrollar su obra. Esto fue especialmente cierto cuando estalló la guerra entre las tropas extranjeras y el ejército imperial. Ningún europeo podía andar seguro sin llevar un arma. Esto afligía al joven misionero, por cuanto había llegado a la China con la certeza de que Dios lo había enviado allí para presentar a la gente el mensaje de salvación. Tuvo que atravesar otras experiencias desalentadoras, también. La inflamación de sus ojos, que le había afectado cuando trabajaba en el banco años tras, volvió a molestarle. El fuerte sol y el polvo le causaban esa molestia, y como resultado, Hudson sufría intensos dolores de cabeza.

A pesar de tales problemas, dedicaba unas cinco horas diarias al estudio del idioma chino. Además, continuó sus estudios de medicina y química, de modo de no perder el toque médico que sentía necesitar para alcanzar a la gente.

Casi un uño después de haber salido de su hogar, Hudson Taylor por fin logró ayudar a algunas personas con atención médica. Parecía que las cosas le iban mejor. Estableció una escuela diurna, en la cual tenía diez niños y cinco niñas, con un profesor cristiano que dictaba las clases. Aunque no había anunciado la apertura de un dispensario médico, cada día le llegaban nuevos pacientes. La asistencia a los cultos iba en aumento también. Al principio asistían solamente Hudson y el maestro cristiano. Sin embargo, pronto la asistencia subió a unas veinte personas; algunas llegaban por la mañana, y otras por la noche. Pero tras un problema surgía otro contribuyendo a desanimar al misionero: un lugar donde vivir, comida y alimentación, dinero para pagar sus gastos, la guerra y muchos problemas más. Taylor se convenció de que la única manera de alcanzar a la gente de China sería identificándose con ellos. Por tanto, compró ropa China y aprendió a comer con palillos, a usanza china. Sin embargo, le faltaba un paso grande, que no había dado aún: su cabello rubio y crespo le daba a conocer como europeo a la legua. Creyendo que esa era la única manera de alcanzar al pueblo chino con el evangelio, finalmente Hudson dio también ese paso. Llamó a un peluquero, y le pidió que le cortara el pelo, dejándole únicamente lo suficiente para que le pareciera otro chino más. Todo esto le ganó la entrada al corazón de la gente, y muchos ni siquiera sospechaban que era extranjero, sino cuando empezaba a hablarles.

A pesar de todo ello, cuando recibió una carta de su casa, se enteró de que su familia no estaba contenta con lo que había hecho. Les contestó explicándoles que lo que había hecho era con el fin de alcanzar al pueblo chino para Cristo, y que su acción estaba demostrando ser muy efectiva.
Cuando estalló la guerra entre China e Inglaterra, casi todas las personas consideradas extranjeras vieron sus vidas en peligro. No obstante, debido al hecho de que Taylor había adoptado el vestuario y la apariencia de los chinos, halló que le era más fácil confundirse entre ellos. No obstante, en muchas ocasiones, su vida también se vio en gran peligro.

El 16 de enero de 1858 Maria Dyer cumplió los veintiún años; y el 20 de enero se casó con Hudson Taylor. Desde entonces la obra de los misioneros fue expandiéndose más. María tomó a su cargo las reuniones para niños y señoras, e invitaban a los chinos a que la visitaran en su casa. El trabajo de Hudson, evangelizando, predicando y curando a la gente, lo mantenía ocupado día y noche. Los misioneros se encaraban, día tras día, año tras año, con más guerras, tiempos de hambre, y muchos otros problemas que afectaban a la obra. No obstante, Jaime Hudson Taylor y su esposa, fueron instrumentos en las manos de Dios para formar una nueva misión, que se llamóla Misión al Interior de la China; y Dios los prosperó en su obra. Dios también bendijo su hogar, dándoles una hija, a la cual pusieron por nombre Graciela.

La vida de Hudson Taylor fue una vida de oración y de dependencia continua en Dios. No hacía nada si primero arrodillase y pedir que Dios le revelara su divina voluntad. Esto fue cierto cuando, muy joven aún, buscaba la sabiduría de Dios en cuanto a su viaje de evangelización y de servicio médico río arriba, para alcanzar a la gente en el interior de país; fue cierto cuando buscaba la voluntad de Dios en cuanto a su casamiento; y es algo que debe ser hecho por cada uno de nosotros, en cada decisión que tomamos, sea grande o pequeña. En razón de que ya pertenecemos a cristo, debemos saber cuál es su voluntad perfecta para nosotros.
Cuando Jaime Hudson Taylor comprendió que pronto terminaría su obra en la China, siendo que no le quedaban muchos más días de su vida en esta tierra, les dijo a unos amigos: “Si tuviera mil vidas, las entregaría todas por la China”.

DIETRICH BONHOEFFER
¿Lo sabía usted?
Bonhoeffer era un pianista tan talentoso que sus padres pensaban que llegaría a ser un concertista profesional.
A los catorce años se decidió por la teología.
Bonhoeffer obtuvo su doctorado cuando tenía apenas veintiún años.
Bonhoeffer viajó mucho durante los pocos años que vivió; visitó Cuba, México, Italia, Libia, Dinamarca, Suecia, España, Inglaterra y los Estados Unidos.
Bonhoeffer se mudó a uno de los peores barrios de Berlín para estar más cerca de unos niños a quienes enseñaba la Biblia.
Trabajó para la agencia de Inteligencia Estatal de Hitler, un puesto que le dio la cobertura ideal para tratar, a escondidas, con el contrabando de judíos a países neutros. Bonhoeffer dirigió un seminario ilegal durante dos años y medio, hasta que fue cerrado por la Gestapo.
Poco antes de la Segunda Guerra Mundial viajó a Estados Unidos, donde consideró que estaría seguro. No obstante, decidió volver a Alemania para unirse a los pastores que sufrían bajo la tiranía de Hitler
Su actitud confiada y calmada durante los bombardeos inspiró profundamente a sus compañeros de prisión, e incluso a los guardias que lo custodiaban. Bonhoeffer podría haberse escapado del campo de concentración donde estaba, pero escogió quedarse para que su familia y amigos no sufrieran represalias.
La decisión de ejecutar a Bonhoeffer fue tomada por el mismo Adolfo Hitler.
En el corazón de Bonhoeffer seguía una profunda búsqueda de la forma de poner por obra el radical estilo de vida que describe el Sermón del Monte. Sus estudiantes se sentían atraídos por su estilo humilde y sencillo, tan diferente al elaborado intelectualismo de otros profesores. Bonhoeffer además, no dejaba de condenar públicamente las tendencias racistas del nazismo, lo que lo distanció de algunos alumnos, admiradores de Hitler. Sumado a lo anterior, muchas personas dentro de la iglesia habían adoptado una postura abiertamente pro-nazi, lo que eventualmente provocaría una irreparable división en la iglesia alemana. Eventualmente nació la "Iglesia Confesional", así llamada porque repudiaba cualquier estilo de vida que exigía lealtad a otros dioses, confesando que solo Cristo era Señor. Como parte de esta creencia se esperaba de los cristianos que abrazaran abiertamente un evangelio hacia los oprimidos.
Los vínculos de Bonhoeffer con los judíos y sus denuncias del gobierno le habían ganado el repudio generalizado de la iglesia oficial, enfervorizada con las reformas de Hitler. Muchos consideraban al Führer un verdadero enviado de Dios, con la misión de restaurar la gloria de una sociedad devastada por la pobreza y el sufrimiento.
Bonhoeffer comenzó a trabajar para movilizar a líderes mundiales en contra de lo que estaba ocurriendo en Alemania. Viajó a varios países para participar en conferencias, en las cuales buscaba crear conciencia de la creciente ola de racismo en su tierra natal. Para él, la falta de valentía de la iglesia para denunciar estos hechos constituía una verdadera traición de los valores más esenciales del evangelio.
Dos años más tarde publicó otro libro que impactó profundamente a la Iglesia : Vida en comunidad. La obra proponía que la Iglesia debía ser un refugio para los que tenían parte de ella, una comunidad para los perdidos. Según Bonhoeffer, el cuerpo de Cristo solo cumplía su verdadero llamado cuando ofrecía esperanza a los más marginados y desesperanzados de la sociedad.

En abril de 1943 la Gestapo , luego de una investigación que había levantado sospechas sobre las actividades de Bonhoeffer, lo arrestó y envió a la prisión de Tegel. Durante este tiempo escribió cartas que inspiraban a muchos, sacadas de la prisión por los mismos guardias que simpatizaban con él. Eventualmente se publicaron como Cartas de la prisión. En ellas Bonhoeffer condena a la iglesia por su indiferencia y silencio frente a las muertes de millones de personas inocentes, ocurridas en los campos de concentración.

En julio de 1944, un intento de asesinar a Hitler falló y la investigación hecha por la policía secreta implicó también a Bonhoeffer, quien fue trasladado a una prisión de la Gestapo en Berlín. Para febrero de 1945 se le trasladó a Buchenwald, un campo de concentración con condiciones deplorables donde ya habían fallecido más de medio millón de judíos. Semanas después, el 3 de abril, lo trasladaron al campo de exterminio en Flossenburg. El 9 de abril, por órdenes de Hitler, Bonhoeffer y otros seis conspiradores fueron colgados.
Al salir de su celda Bonhoeffer le dijo a uno de sus compañeros: "Este es el final, para mí, el principio de la vida." Muchos años más tarde, el médico que presenció la ejecución comentó: "En cincuenta años de practicar medicina pocas veces he visto a un hombre enfrentarse a la muerte con tanto decoro y valentía. Hasta el último momento demostró absoluta sumisión a la voluntad de Dios."
Cuatro semanas más tarde, la Segunda Guerra Mundial en Europa llegaba a su fin. Con ella caía el régimen nazi contra el cual había luchado tan tenazmente Bonhoeffer. Su testimonio de osadía continúa desafiando a todo discípulo de Cristo a estar dispuesto a seguirlo, hasta las últimas consecuencias.

"No es posible abrazar a una sociedad sufriente sin quebrarse en el proceso"
DAVID LIVINGSTONE
África ha sido y es un paraíso para las misiones de evangelización religiosa.
Misioneros cristianos de todo tipo han sucumbido a la llamada de un continente que plantea retos casi imposibles y esconde secretos como el de nuestro propio origen.

El misionero más famoso fue quizás más reconocido como explorador. Livingstone es un nombre que se encuentra una y otra vez dando nombre a ciudades, pueblos y calles en las rutas que siguió este hombre tozudo de fe inquebrantable.

David Livingstone (1813-1873), médico y misionero escocés, considerado como uno de los más importantes exploradores de África. Nació el 19 de marzo de 1813, en Blantyre, Escocia. En 1823 empezó a trabajar en una fábrica textil. Más tarde, mientras estudiaba medicina en Glasgow, asistió también a clases de teología. En 1838, ofreció sus servicios a la Sociedad Misionera de Londres, y cuando terminó sus estudios de medicina en 1840, se ordenó y partió para su primer servicio como misionero médico a África del Sur. En 1841 llegó a Kuruman, una colonia en Bechuanalandia (en la actual Botsuana) que había sido fundada por el misionero escocés Robert Moffat.
Livingstone empezó a trabajar con la población de Bechuanalandia, y desde allí pretendía continuar avanzando hacia el norte, a pesar de la declarada hostilidad que ejercían los bóers, colonos de raza blanca, principalmente de ascendencia holandesa. Contrajo matrimonio con Mary Moffat, hija de Robert Moffat, en 1845, y empezaron a trabajar juntos, adentrándose en regiones donde ningún europeo había llegado antes que ellos. En 1849 cruzó el desierto de Kalahari y descubrió el lago Ngami. En 1851, en compañía de su mujer y sus hijos, descubrió el río Zambeze.

En otra de sus expediciones (1852-1856), cuando buscaba una ruta para cruzar desde la costa este hasta la oeste, viajó hacia el norte desde Ciudad de El Cabo hasta el río Zambeze, y después hacia el oeste hasta Luanda, en la costa atlántica. Cuando hacía el viaje de vuelta al Zambeze, Livingstone siguió su cauce hasta la desembocadura en el océano Índico, lo que le permitió descubrir las cataratas Victoria (1855).

Las exploraciones de Livingstone sirvieron para hacer una revisión de los mapas existentes en aquel tiempo. Cuando regresó al Reino Unido en 1856 fue recibido como un gran explorador, y además, gracias a su libro Misiones e investigaciones en el sur de África (1857) se hizo famoso. En 1858 abandonó la compañía misionera y el gobierno británico le nombró cónsul en Quelimane (actual Mozambique), en la costa este de África, y jefe de una expedición de exploración por la región central y oriental de África. Cuando volvió al continente africano en 1858, se dirigió con la expedición a la cabecera del río Shire, un tributario del Zambeze, y descubrió el lago Nyasa (denominado en la actualidad lago Malawi). En 1859 exploró el río Rovuma y descubrió el lago Chilwa. Cuando exploraba las tierras que rodean el lago Nyasa, Livingstone empezó a tomar conciencia de las terribles consecuencias que estaban padeciendo los indígenas africanos por el tráfico de esclavos al que eran sometidos por parte de árabes y portugueses.

En 1865, durante una de sus visitas a Inglaterra, escribió Relato de una expedición al Zambeze y sus afluentes, que era una condena del comercio de esclavos y un estudio de las posibilidades comerciales de la región (que actualmente ocupa la mayor parte de Malawi y Mozambique). En 1866, gracias principalmente a la financiación desinteresada de amigos y admiradores, Livingstone dirigió una expedición que pretendía descubrir las fuentes del río Nilo y explorar la línea divisoria de las aguas de África central. Después, siguió el cauce del río Rovuma, descubrió los lagos Moero y Bangweulu, y llegó al lago Tanganica en 1869.

Durante el tiempo que duró la expedición se tuvieron muy pocas noticias de Livingstone, lo que provocó una situación de preocupación internacional por la suerte que hubiera podido correr el explorador. Mientras tanto, en 1870, Livingstone emprendía viaje desde Ujiji, en el lago Tanganica, hacia las tierras situadas al oeste del lago, y se convirtió en el primer europeo que llegó al río Lualaba, en la actual República Democrática del Congo. Después de haber sufrido grandes penalidades, regresó a Ujiji, donde se encontró con una partida de rescate que dirigía Henry Morton Stanley, un periodista angloamericano, de quien se cuenta la anécdota que saludó al explorador con el famoso comentario: “el doctor Livingstone, supongo”.
Después, los dos exploraron juntos las tierras del norte del lago Tanganica. Livingstone, esta vez en solitario, continuó su búsqueda del nacimiento del Nilo. Falleció en Chitambo (en lo que actualmente es Zambia), seguramente el 30 de abril de 1873, y su cuerpo fue encontrado el día 1 de mayo. Sus sirvientes enterraron su corazón bajo el árbol en que había fallecido y trasladaron su cuerpo a Zanzíbar, en la costa este africana. En abril de 1874, sus restos fueron definitivamente enterrados en la abadía de Westminster. Livingstone es considerado en la actualidad uno de los más importantes exploradores de África y uno de los pioneros en lucha contra la abolición del comercio de esclavos.

JHON BUNYAN
"Caminando por el desierto de este mundo, paré en un sitio donde había una caverna; allí me acosté para descansar. Pronto me quedé dormido y tuve un sueño. Vi a un hombre cubierto de andrajos, de pie y dando la espalda a su habitación, que llevaba una pesada carga sobre los hombros y en las manos un libro".
A pesar de que sus padres eran muy pobres, consiguieron que aprendiera a leer y a escribir. El mismo se llamó "el principal de los pecadores".
Se casó con una joven cuya familia entera eran cristianos fervorosos.
Bunyan era hojalatero y por lo tanto pobrísimo. Ella no poseía ni un plato, ni una cuchara, solamente tenía dos libros: "El camino al Cielo para el hombre sencillo" y "La práctica de la piedad", obras que le dejó su padre al fallecer. Bunyan solo encontró en los cultos la convicción de ir camino al infierno.
Había leído una obra de los "Ranters" y entonces cuenta que oró fervorosamente: "Oh Señor, no sé juzgar entre el error y la verdad. Señor, no me dejes solo en esto de aceptar o rechazar esta doctrina ciegamente; si es de Dios, no me dejes despreciarla; si es obra del diablo, no me dejes abrazarla"- y alabado sea Dios por haberme guiado a clamar desconfiando de mi propia sabiduría, y por haberme guardado del error de los "Ranters".
Bunyan cuenta por sí mismo lo siguiente:
"Durante el tiempo en que me sentí condenado a las penas eternas, me admiraba de cómo los hombres se esforzaban por conseguir los bienes terrenales, como si esperasen vivir aquí eternamente... Si yo hubiese tenido la seguridad de la salvación de mi alma, cómo me sentiría eternamente rico, aun cuando no tuviese para comer más que frijoles.
"Busqué al Señor, orando y llorando, y desde el fondo de mi alma clamé: 'Oh Señor, muéstrame, te ruego, que me amas con amor eterno'. Entonces escuché repetidas mis palabras, como en un eco: 'Yo te amo con amor eterno'. Me acosté y, al despertarme al día siguiente, la misma paz inundaba mi alma. El Señor me aseguró: 'Te amé cuando vivías en pecado; te amé antes, te amo después y te amaré siempre'.
"Cierta mañana, mientras yo oraba temblando porque pensaba que no obtendría una palabra de Dios para consolarme, El me dio esta frase: 'Te basta mi gracia'.
"Mi entendimiento se llenó de tanta claridad, como si el Señor Jesús me hubiese estado mirando desde el cielo a través del tejado de la casa y me hubiese dirigido esas palabras. Volví a mi casa llorando, transportado de gozo, y humillado hasta el polvo".

"Sin embargo, cierto día, mientras caminaba por el campo, con mi conciencia intranquila, repentinamente estas palabras se apoderaron de mi alma: 'Tu justicia está en los cielos'. Con los ojos del alma me pareció ver a Jesucristo sentado a la diestra de Dios, que permanecía allí como mi justicia... Además vi que no es mi buen corazón lo que mejora mi justicia, ni lo que tampoco la perjudica; porque mi justicia es el propio Cristo, el mismo ayer, hoy y para siempre. Entonces las cadenas cayeron de mis tobillos: quedé libre de mis angustias y las tentaciones que me acechaban perdieron su vigor; dejé de sentir temor por la severidad de Dios y regresé a casa regocijándome con la gracia y el amor de Dios. No encontré en la Biblia la frase: 'Tu justicia está en los cielos', pero hallé: 'El cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención' (1 Corintios 1:30), y vi que la otra frase era verdad".
"Mientras así meditaba, la siguiente porción de las Escrituras penetró con poder en mi espíritu: 'Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia'. Así fui levantado a las alturas y me hallé en los brazos de la gracia y de la misericordia. Antes temía a la muerte, pero después clamé: 'Quiero morir'. La muerte se volvió para mí una cosa deseable. No se vive verdaderamente antes de pasar a la otra vida. ¡Oh, pensaba yo, 'esta vida es apenas un sueño en comparación con la otra!'.

Después de su conversión sintió un deseo grande de predicar el evangelio a todos los hombres necesitados, pues había comprendido el gran valor de los tesoros que Dios les ofrece a los hombres a través de su gracia.
En su ministerio empezó a cosechar éxitos y sus problemas con el enemigo de nuestras almas comenzaron, primero al atacarlo con la tentación de la vanagloria y al no dar resultado estos ataques se empezaron a esparcir rumores por todo el país de que Bunyan era un hechicero, jesuita y contrabandista, y además que vivía con una amante y tenía dos mujeres y que sus hijos eran ilegítimos.

A pesar de estos grandes ataques Bunyan no desistió de la predicación del evangelio y la búsqueda de la salvación de los hombres. Entonces inició el ataque más fuerte del maligno. Bunyan fue acusado de no observar los reglamentos de la iglesia oficial. Debido a esto las autoridades civiles de Inglaterra lo sentenciaron a prisión perpetua, hasta que jurase que no volvería a predicar nunca más.

Un año antes de caer preso Bunyan hizo su oración principal: "Fui guiado a orar, a pedirle a Dios que me fortaleciese 'con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad, con gozo dando gracias al Padre'. Además fue llevado a considerar seriamente el pasaje "Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos".

En la prisión se fortaleció en el poder de Dios de manera que estaba dispuesto a sufrir cualquier castigo por la causa de Cristo. Veía que con toda probabilidad que en cualquier momento podía ser azotado o torturado en una picota. Temía el destierro, que lo llevaría a ser separado de sus seres queridos; su esposa y sus hijos. Especialmente sufría por la suerte que correría su hijita ciega.

A pesar de todo meditaba en el horror del castigo eterno que correrían aquellos que se negaran a glorificar a Cristo y de su deber de dar testimonio de Cristo a pesar de todo. Más pensaba en la gloria que Cristo prepara para aquellos que con amor, fe y paciencia daban testimonio de El. Cuando le ofrecían su libertad a cambio de que nunca volviera a predicar el contestaba: "Si hoy saliese de la prisión, mañana comenzaría a predicar, con la ayuda de Dios"

Bunyan pasó 12 años en la cárcel. Un cuáquero llamado Whitehead consiguió que lo liberaran con la ayuda de Dios, Después de ser liberado continuó predicando con gran éxito en varias ciudades de Inglaterra. Continuó su ministerio fielmente hasta la edad de sesenta años, cuando fue atacado de fiebre y murió.

Algunas de sus obras escritas son las siguientes: "Gracia abundante para el principal de los pecadores", "Llamado al ministerio", "La conducta del creyente", "La gloria del templo", "El pecador de Jerusalén es salvo", "Las guerras de la ciudad de Alma humana", "Vida y muerte del hombre malo", "El sermón del monte", "La higuera estéril", "Discursos sobre la oración", "El viajero celestial", "Gemidos de un alma en el infierno", "La justificación es imputada" y el libro más vendido después de la Biblia "El peregrino".

DIEGO THOMSON
Diego Thomson nació en 1788 en el puerto de Creetown al suroeste de Escocia. En ese pueblo que vivía del mar, el joven Diego pensaba mucho en los países de ultramar. Miraba a los soldados ingleses que pasaban por su pueblo rumbo a Irlanda. Escuchaba a los aduaneros que relataban su lucha con los contrabandistas franceses. Se fijaba en los barcos que llevaban emigrantes de esa zona a Nueva York y a Canadá. Su padre fue director escolar y por muchos años secretario del consistorio de la iglesia presbiteriana, de manera que creció en un hogar donde había una relación estrecha entre la educación pública y la Biblia. En su momento, Thomson las vinculó a las necesidades de pueblos lejanos.

De su pueblo natal pasó a las ciudades principales del país para seguir estudios superiores. En Edimburgo mostró talento para los idiomas. Fue la época de las guerras napoleónicas entre Inglaterra y Francia, y unos setenta oficiales franceses fueron encarcelados en el castillo de Edimburgo. En su labor pastoral, Thomson los visitaba y les servía de intérprete.

En 1817, después de la guerra, un colega suyo, Roberto Haldane, le pidió que lo acompañara en sus labores misioneras en Montauben, Francia. En Edimburgo, Thomson se preparaba para ir a Francia. Más tarde dijo: "Yo hacía mis lecturas cotidianas de las Escrituras, en voz alta, en idioma francés." Pero se cerró esa puerta, y él dirigió su atención a los países suramericanos.

Llegada a América del Sur
En 1818 Thomson llegó a Buenos Aires con el deseo de servir a Jesucristo mediante la promoción de las Sagradas Escrituras y la implantación de un sistema de educación popular. Para él un sistema de educación centrado en la Biblia era la pieza clave para el avance de cualquier pueblo. Las noticias que recibió del éxito de las escuelas gaélicas, que usaban las Escrituras en gaélico en las tierras altas de Escocia, fortalecieron en él esa convicción.

Después de una labor fructífera en Argentina y en Chile, Thomson fue llamado en 1822 por el general José de San Martín para instalar el mismo sistema de educación en el Perú. Mientras iniciaba sus escuelas, trazó planes para traducir la Biblia al quechua, para poder atender al número de peruanos que hablaban ese idioma. También investigó la posibilidad de tener traducciones en los idiomas "aymara y moxa".

El primer equipo misionero
A pesar de los contratiempos ocasionados por la lucha de la independencia, Thomson pudo reunir un equipo de cuatro personas para traducir el Nuevo Testamento al quechua. Eran miembros del nuevo Congreso, y uno fue "descendiente lineal del último rey inca". Terminaron la tarea en 1824, pero el resurgimiento inesperado de las fuerzas reales les obligó a huir de Lima. Las condiciones en la capital empeoraron y Thomson no tuvo otra alternativa que salir también. Después de un infructuoso intento por reunirse con los traductores en Trujillo, dejó el manuscrito en manos de un amigo, para ser publicado posteriormente en Lima. Lamentablemente se perdió el manuscrito.

De regreso en Londres, Thomson seguía pensando en el pueblo andino. Pazos Kanki hablaba aymara y quechua desde su infancia, y por un tiempo ocupó la cátedra de Quechua en la Universidad de Cuzco. Aceptó la propuesta de Thomson de traducir el Nuevo Testamento al aymara. Usó el texto de la Vulgata como base, y terminó la traducción a fines de 1826. El Evangelio según San Lucas fue publicado en 1828, la primera vez que un evangelio apareció en un idioma autóctono de América del Sur. En 1830 tradujo el libro de Salmos al quechua.

Mientras tanto Thomson y su esposa habían viajado a México en 1827. Llevaron un cargamento de Biblias y Nuevos Testamentos en español; pero Thomson no podía quedarse tranquilo ante las necesidades apremiantes de los pueblos indígenas del país. Investigó su situación y en sus cartas mencionó varios idiomas: mexicano (nahuatl), mixteco, maya, otomí, tabasco y zapoteco. Thomson intentó emprender la traducción del Nuevo Testamento al idioma nahuatl, y buscó la ayuda de personas tan distinguidas como el obispo de Puebla y el doctor José María Luis Mora, "padre del México moderno". Soñaba con introducir las traducciones como textos escolares para contribuir al desarrollo de los pueblos indígenas, pero la situación religiosa y política no lo favoreció, y salió de México en 1830 sin realizar su sueño. Pero gracias a los esfuerzos del doctor Mora, el Evangelio según San Lucas en nahuatl salió de la imprenta en 1833.

Para esa fecha Thomson se encontraba en el Caribe, y allí proyectaba una visita a Yucatán "en parte para conseguir una traducción de uno de los evangelios a la lengua maya". En las Antillas le conmovía la situación de los esclavos, y pudo compartir su gozo el primer día de agosto de 1834: la fecha de su emancipación en las colonias británicas. Su acción a favor de ellos se resume en dos palabras: Biblia y educación. En Cuba casi lo encarcelaron bajo sospecha de distribuir la Biblia para fomentar una rebelión de esclavos. En Haití, mientras organizaba la distribución del Nuevo Testamento francés en las escuelas y en los cuarteles militares, planteó a la Sociedad Bíblicaen Londres la necesidad de traducir las Escrituras al haitiano, el "patois", francés hablado por la gran mayoría de los habitantes de Haití.

En 1832 Thomson organizó la primera Sociedad Bíblica entre el pueblo negro del Caribe. En 1839 hizo lo mismo en un pueblo indígena de Canadá: los chippewas (también conocido por el nombre "ojibwas").

A pesar de la situación convulsionada de México, Thomson llegó a Yucatán en octubre de 1843. Un manuscrito corto de Thomson en la biblioteca de la Sociedad Bíblicaen la Universidad de Cambridge, Inglaterra --cuatro páginas de apuntes de vocabulario maya por términos bíblicos-- es testimonio de su deseo de verter la Palabra de Dios al idioma milenario de Yucatán. Presentó sus ideas a las autoridades para un sistema de educación eficaz: "Establecer escuelas con un plan de enseñanza basado en el uso del idioma materno." Instó al Secretario de Estado a que no sólo proveyera educación por el pueblo maya, sino que les asegurara justicia. "Ellos tienen derechos propios, y no deben ser oprimidos por los terratenientes... Si ustedes no actúan para extenderles justicia y equidad, Dios mismo intervendrá a su favor."

Durante un viaje en marzo de 1844 cayó muy enfermo y fue llevado en una litera unos cincuenta kilómetros de Chichén a Valladolid. La recuperación fue lenta y la soñada traducción quedó trunca.

En Inglaterra Thomson no podía olvidar España y, en 1855, unos meses después de su muerte, se formó la "Sociedad Española de Evangelización", gracias a sus esfuerzos y escritos.

A lo largo de su ministerio Thomson mostraba pasión por la Palabra, e inspirándose en la visión bíblica del Reino de Dios, buscaba el bien no sólo de los pueblos mayoritarios, sino de los pueblos autóctonos de dos continentes: pueblos marginados, oprimidos y olvidados. ¿Qué le motivó? Él mismo dijo: "Salí de mi patria al exterior para servir al Señor Jesucristo en la causa de su Reino, cuyo lema es: `¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!'". En ese ministerio fue fundamental el poner al alcance de todos la Palabra de Dios. Eso convirtió a Thomson en precursor de la traducción bíblica de la época moderna.

GUILLERMO CAREY
Guillermo Carey es considerado el Padre de las Misiones Modernas. Nació en Inglaterra en 1762, hijo de anglicanos y criado enla Iglesia. Desde muy joven comprobaba tener una inteligencia cuya sed de saber no parecía saciarse nunca. Especialmente le fascinaban los idiomas. Trabajando de zapatero desde los 16 años, siempre tenía algún libro de estudio al lado de los zapatos.

Un día un compañero le invitó a una reunión no anglicana. Tenía 18 años y el sermón que oía sobre Hebreos 13:13-14 hizo que entregara la vida a Cristo. Cuando después entendía que Dios le guiaba fuera de la Iglesia Anglicana obedeció, aunque le costaba. Seguían trece años de duros trabajos como zapatero, como maestro de niños, como predicador ferviente y, sobre todo, como incansable estudiante. Además se casó y tenía familia.

Cada vez le pesaba más la indecible necesidad de los paganos. Mirando atrás, entendemos que Guillermo estaba experimentando algo como ‘dolores-de-parto’. Pero al hablar de esta ‘carga’ con otros siervos de Dios, no era siempre comprendido o bien recibido. Una vez, en una reunión de pastores bautistas, cuando enfatizaba la necesidad de llevar el evangelio a los paganos, un pastor de más edad y experiencia quedó exasperado. Le espetó: “¡Joven, siéntese, siéntese! Usted es un entusiasta, pero cuando a Dios le complazca convertir a los paganos, Él sabrá hacerlo sin consultar ni a usted, ni a mí.” No obstante, el 2 de octubre de 1792, Carey y otros doce siervos de Dios, ‘dan a luz’ la Sociedad Misionera Bautista. Y ya, el siguiente año, después de grandes pruebas, el mismo Guillermo y joven familia, junto con un compañero, zarpan en un velero danés. Este necesitó cinco meses para llegar a Calcuta en la India.

Durante este viaje Guillermo Carey aprendió suficiente bien el bengalí como para entenderse con el pueblo. Poco después de desembarcar comenzó a predicar, y los oyentes venían a escucharlo en número siempre creciente. Carey percibió la necesidad imperiosa de que el pueblo tuviese una Biblia en su propia lengua y, sin demora, se entregó a la tarea de traducirla. La rapidez con que aprendió las lenguas de la India, es motivo de admiración para los mejores lingüistas.

Nadie sabe cuántas veces nuestro héroe experimentó grandes desánimos en la India. Su esposa no tenía ningún interés en los esfuerzos de su marido y enloqueció. La mayor parte de los ingleses con quienes Carey tuvo contacto, lo creían loco; durante casi dos años no le llegó ninguna carta de Inglaterra. Muchas veces Carey y su familia carecieron de dinero y de alimentos. Para sustentar a su familia, el misionero se volvió labrador, y trabajó como obrero en una fábrica de añil.

Durante más de treinta años Carey fue profesor de lenguas orientales en el Colegio de Fort Williams. Fundó también el Colegio Serampore para enseñar a los obreros. Bajo su dirección el colegio prosperó, y desempeñó un gran papel en la evangelización del país. Al llegar a la India, Carey continuó los estudios que había comenzado cuando era niño. No solamente fundó la sociedad de agricultura y Horticultura, sino que también creó uno de los mejores jardines botánicos; escribió y publicó el Hortus Bengalensis. El libro Flora Indica, otra de sus obras, fue considerada una obra maestra por muchos años.

No se debe pensar, sin embargo, que para Guillermo Carey la horticultura era sólo una distracción. Pasó también mucho tiempo enseñando en las escuelas de niños pobres. Pero, sobre todo, siempre ardía en su corazón el deseo de llevar adelante la obra de ganar almas. Cuando uno de sus hijos comenzó a predicar, Carey escribió: “Mi hijo, Félix, respondió al llamado de predicar el evangelio.” Años más tarde, cuando ese mismo hijo aceptó el cargo de embajador de la Gran Bretaña en Siam, el padre, desilusionado y angustiado, escribió a un amigo: “Félix se empequeñeció hasta volverse un embajador!”

Durante los cuarenta y un años que Carey pasó en la India, no visitó Inglaterra. Hablaba con fluidez más de treinta lenguas de la India; dirigía la traducción de las Escrituras en todas esas lenguas y fue nombrado para realizar la ardua tarea de traductor oficial del gobierno. Escribió varias gramáticas hindúes y compiló importantes diccionarios de los idiomas bengalí, manatí y sánscrito. El diccionario bengalí consta de tres volúmenes e incluye todas las palabras de la lengua, con sus raíces y origen, y definidas en todos los sentidos.

Lo siguiente, escrito para pedirle disculpas a un amigo por la demora en responderle su carta, muestra cómo muchas de sus obras avanzaron juntas: “Me levanté hoy a las seis, leí un capítulo de la Biblia hebrea; pasé el resto del tiempo, hasta las siete, orando. Luego asistí al culto doméstico en bengalí con los sirvientes. Mientras me traían el té, leí un poco en persa con un munchi que me esperaba; leí también, antes de desayunar, una porción de las Escrituras en indostaní. Luego, después de desayunar, me senté con un pundite que me esperaba, para continuar la traducción del sánscrito al ramayuma. Trabajamos hasta las diez. Entonces fui al colegio para enseñar hasta casi las dos de la tarde. Al volver a casa, leí las pruebas de la traducción de Jeremías al bengalí, y acabé justo cuando ya era hora de comer. Después de la comida, me puse a traducir, ayudado por el pundite jefe del colegio, la mayor parte del capítulo ocho de Mateo al sánscrito. En esto estuve ocupado hasta las seis de la tarde. Después de las seis me senté con un pundite de Telinga, para traducir del sánscrito a la lengua de él. A las siete comencé a meditar sobre el mensaje de un sermón que prediqué luego en inglés a las siete y media. Cerca de cuarenta personas asistieron al culto, entre ellas un juez del Sudder Dewany Dawlut. Después del culto el juez contribuyó con 500 rupias para la construcción de un nuevo templo. Todos los que asistieron al culto se fueron a las nueve de la noche; me senté entonces para traducir el capítulo once de Ezequiel al bengalí. Acabé a las once, y ahora te estoy escribiendo esta carta. Después, clausuraré mis actividades de este día en oración. No hay día en que pueda disponer de más tiempo que esto, pero el programa varía.”

Al avanzar en edad, sus amigos insistían en que disminuyese sus esfuerzos, pero su aversión a la inactividad era tal, que continuaba trabajando, aun cuando la fuerza física no era suficiente para activar la necesaria energía mental. Por fin se vio obligado a permanecer en cama, donde siguió corrigiendo las pruebas de las traducciones.

Finalmente, el 9 de Junio de 1834, a la edad de 73 años, Guillermo Carey durmió en Cristo.

La humildad fue una de las características más destacadas de su vida, Se cuenta que, estando en el pináculo de su fama, oyó a cierto oficial inglés preguntar cínicamente: “¿El gran doctor Carey no era zapatero?” Carey al oír casualmente la pregunta respondió: “No, mi amigo, era apenas un remendón.”

Cuando Guillermo Carey llegó a la India, los ingleses le negaron el permiso para desembarcar. Al morir, sin embargo, el gobierno ordenó que se izasen las banderas a media asta, para honrar la memoria de un héroe que había hecho más por la India que todos los generales británicos. Se calcula que Carey tradujo la Biblia para la tercera parte de los habitantes del mundo. Así escribió uno de sus sucesores, el misionero Wenger: “No sé cómo Carey logró hacer ni siquiera una cuarta parte de sus traducciones. Hace como veinte años (En 1855) que algunos misioneros, al presentar el evangelio en Afganistán (país del Asia Central), encontraron que la única versión que ese pueblo entendía, era la Pushtoo hecha en Sarampore por Carey.”

La traducción de la Biblia destacaba en la obra de Carey, y cuando moría en 1834 a la edad de 73 años, la Biblia entera, o partes de ella, habían sido traducidas e impresas en nada menos que 44 idiomas y dialectos. Su ejemplo de vida y obra fue el instrumento en la mano de Dios para ‘desencadenar’ movimientos misioneros en Inglaterra y en varios otros países. En los siguientes dos siglos estos habían de llegar con el evangelio a incontables rincones del mundo.

El cuerpo de Guillermo Carey descansa, pero su obra continúa siendo una bendición para una gran parte del mundo.

LUIS M. ORTIZ
Natural de Corozal, Puerto Rico. Nació el 26 de septiembre de 1918 y fue el octavo hijo de Don Miguel Ortiz y Doña Aurelia Marrero. Fundador y Presidente del Movimiento Misionero Mundial, Inc. desde el 1963 hasta el 1995. A la edad de 10 años conoció al Señor y esa misma noche fue consciente del llamado de Dios al ministerio. Más adelante su familia se traslada a la ciudad de San Juan y allí siguió sirviendo al Señor.
      Terminó sus estudios y comenzó a trabajar en el Periódico "El Mundo", trabajo al cual renunció más tarde para obedecer al llamado del Señor para estudiar Su Palabra en el Instituto Bíblico Mizpa de Puerto Rico. En ese tiempo, Dios estaba tratando con él sobre su llamado a Cuba, y en un culto en un hogar mientras oraba, se rindió al Señor para obedecer al llamado a la obra misionera en Cuba.
      En el año 1943 se casa con la Hna. Rebecca Hernández Colón; con quien procreó dos niñas, Damaris y Priscila. Ese mismo año salieron juntos al campo misionero, a la República Dominicana, y luego a Cuba donde trabajaron incansablemente viendo la gloria de Dios, pues en un año y medio Dios les había dado 23 iglesias, un cuerpo de obreros de más de 30 compañeros, debidamente organizados internamente e incorporados al gobierno, programas radiales, carpas para campañas evangelísticas, Instituto Bíblico, una revista mensual, etc. En Cuba trabajaron por espacio de 16 años y allí dejaron unas 60 iglesias y un precioso cuerpo de obreros del Señor.
      Regresa a Puerto Rico para el año 1960 por mandato del Señor y para el año 1963 inicia la obra del Movimiento Misionero Mundial, Inc.
      Hombre de carácter reservado, manso, humilde, espiritual, santo, firme en sus convicciones, amable en sus tratos con las demás personas, especialmente con los obreros del Señor.
      Misionero con una visión amplia; Evangelista con grandes resultados en almas salvadas y grandes milagros obrados por el Señor; Pastor, Maestro de la Palabra, con un Ministerio Radial de grandes alcances; Escritor profundo, claro y comprensible; Poeta, con más de 200 poesías escritas.
La Obra que desarrolló es una de fe, sacrificio, sufrimiento; muy abundante en frutos de muchas almas rendidas al Señor, centenares de iglesias establecidas, obreros llamados a la obra. Publicó una revista mensual, "Impacto Evangelístico" y el programa radial del mismo nombre. Viajó incansablemente, dando campañas evangelísticas con miles y miles de asistencia, celebrando Convenciones, Congresos, Confraternidades, Conferencias Misioneras y Proféticas.
      Mientras otros con el transcurso de los años habían cambiado, el Rev. Luis M. Ortiz Marrero se mantuvo firme en sus convicciones y en los principios de la Obra de Dios, sin variar en los fundamentos de la doctrina ni en el testimonio de su vida.
Al Señor le plació llamar a su siervo y el 26 de septiembre de 1996 fue promovido a su presencia. Sin lugar a dudas, el Rev. Ortiz fue un hombre de Dios con "PASOS DE GIGANTE", su lema: "AVANZANDO POR LOS CAMINOS DE AMÉRICA Y DEL MUNDO."
ELIZA DAVIS GEORGE
¡Rechazada! Una palabra que se mofaba de ella.

Rechazaron su solicitud misionera sin hacer siquiera una evaluación seria y ella lo sabía. Si en aquel momento se hubiera dado cuenta de los años de rechazo que le esperaban antes de ir al campo misionero, tal vez hubiera llorado de frustración. No obstante, Eliza tenía el ejemplo perfecto para seguir. "Él fue despreciado y rechazado por los hombres" (Is 53:3). ¡Jesús caminó la senda del rechazo antes que ella!.

Abrigando el sueño de servir a Jesucristo en África, Eliza se familiarizó con el amargo sabor de la desilusión mucho antes que su sueño se hiciera realidad.

No era solamente su condición de mujer y, además soltera, lo que obraba en su contra, sino también el prejuicio racial y las presuposiciones estrechas sobre quién sí y quién no reunía las cualidades para ser misionero. Sin el apoyo de sus líderes espirituales Eliza se aferró a la esperanza que un día creerían en ella.

Tuvieron que pasar diez años antes que su esperanza se viera recompensada y Eliza pudiera viajar a Liberia, una nación fundada por antiguos esclavos.

Eliza fue la primera misionera afro americana en Liberia.

Había nacido un 20 de Enero de 1879. En 1918 se casó con Charles Thompson George, un estudiante de Medicina en Guiana. Sus raíces espirituales se formaron en la Iglesia Bautista Antioquía en Hills Prairie

Ela era una joven bella, educada, que decidió renunciar a su cargo como maestra en la Escuela Guadalupe para convertirse en Misionera al extranjero.

En sus palabras explicaba las razones:

"Estas son las razones que tengo para ir. Debo ir porque:

1- Siento el llamado del Espíritu Santo para ir.
2- He encontrado el sentido de mi vida.
3- En África hay millones de "hermanos" perdidos.
4- África es el hogar de nuestros antepasados

El 12 de diciembre de 1913, Eliza Davis abordó un barco rumbo a África junto a otros seis misioneros. Arribó a Monrovia, Liberia, el 20 de Junio de 1914. Ciento cincuenta personas aceptaron a Cristo en la primera Reunión

Durante los años cincuenta y cinco años que vivió en África, Eliza vio a millares de liberianos convertirse a Jesucristo y estableció más de cien iglesias. Sin embargo, también fueron años llenos de desilusiones y retrocesos.

El hombre con quien se casó no pudo soportar la presión emocional y murió por abuso del alcohol. Sus campos de batalla fueron numerosos: las almas de los africanos, su esposo destrozado y la falta de ayuda de la asociación misionera de su país natal, hecho que puso en peligro constante su trabajo.
Eliza se negó a abandonar el campo misionero y buscó su propio respaldo financiero para poder continuar su trabajo en Liberia hasta superar con creces los noventa años de edad.

Con la esperanza firmemente puesta en aquel que fue rechazado por los hombres, Eliza Davis-George se convirtió en la primera mujer negra que desarrolló una obra pionera en el campo de las misiones en África.

El 8 de marzo de 1979, a la edad de 100 años, Eliza pasó a vivir en las moradas de su Padre Celestial.
JORGE MULLER
Nació en 1805 en Prusia en el seno de una familia de buen pasar.

Alejado de cualquier idea de compromiso con Dios, creció lejos de éste. Aconsejado por su padre y con la idea de obtener una profesión cómoda y rentable, estudió en el Seminario de Teología. Quería ser ministro, aunque no había conocido de un encuentro personal con el Señor. Su gusto por el estudio lo llevó a destacarse. Tenía gran facilidad para aprender idiomas, por lo que llegó a manejar varias lenguas, incluyendo griego, latín y hebreo.

Cierta vez, cuando tenía cerca de veinte años, asistió a una reunión “informal” en donde algunas personas se juntaban para leer la Biblia, charlar y orar. Esta forma de encuentro le llamó poderosamente la atención, sobre todo el hecho de que los asistentes oraran de rodillas. Ese mismo día marcó un antes y un después en la vida de Müller. Jorge Müller, aquel que había estudiado sobre Dios sin conocerlo, había encontrado el camino de la relación personal con el Creador.

La búsqueda de Dios a través de la oración lo llevó por rumbos insospechados para él. Sus propios compañeros de Seminario comenzaron a burlarse del interés real en las cosas divinas que mostraba. Se cuenta que cuando su padre se enteró de la “conversión” de Müller, se disgustó en gran manera.

Su primer proyecto ahora era terminar el Seminario para dedicar su vida a Dios. Había planeado viajar por Europa predicando el Evangelio en las comunidades judías.

Su mentor, el profesor Dr. Tholuck, le aconsejó completar su capacitación misionera en Londres, antes de lanzarse al trabajo a pleno. Gracias a que fuera declarado físicamente incapaz, pudo evitar enrolarse en el servicio militar prusiano lo que hubiera impedido su viaje. Una vez instalado en Londres, su vida profundizaría en la relación personal con Dios. Con la misma devoción y fuerza que ponía en el estudio de la Palabra de Dios y la Oración, exhortaba a otros a seguir por este camino. Allí mismo, en Londres, comenzaría a concretar su llamado a promulgar el Evangelio entre los judíos, aún antes de completar su formación misionera.

En poco tiempo fue nombrado Pastor de una congregación. Su pastorado se fundamentó en dos pilares: la Palabra de Dios y la Oración. Se casó con Mary Groves. Ellos vieron como incorrecta la costumbre de la época, en que los feligreses pagaban por presenciar el servicio. Decidieron que no sería más de esta manera, que dependerían de Dios y del amor de los hermanos.

Jorge escribió: "Esta manera de vivir, con frecuencia ha sido el medio por el cual la gracia ha vuelto a reanimar mi enfriado corazón, y me ha restablecido en el Señor después de un tiempo de reincidencia. Porque no es tolerable ni puede uno vivir en el pecado y a la vez mantener la comunión con Díos, para conseguir de los cielos todas las necesidades de esta vida presente. A menudo, una nueva respuesta a mi oración, cuando la obtuve de esta manera, me reanimó el alma, y llenó de mucho gozo".

Al cumplir el primer año de vivir sin sueldo, ellos descubrieron que habían recibido más de lo que solían ganar recibiendo el sueldo. Jorge dijo: "No he servido a un maestro cruel, y eso es lo que me da gozo de demostrar".

Luego de dos años de un exitoso pastorado en Tigmonth, el matrimonio Müller se mudaría a Bristol donde continuarían trabajando de la misma manera. Allí estuvieron varios años y fundaron "La Institución del Conocimiento de las Escrituras", una escuela bíblica abierta para todas las edades.

El Trabajo con los niños
En 1835, a la edad de 30 años, Jorge se sintió guiado por Dios a establecer un hogar para huérfanos.

Observando tantos niños que deambulaban en las calles con hambre, tuvo en su corazón la idea de proveerles el desayuno. Así que se reunía con grupos de pequeños callejeros a las 8 de la mañana para desayunar con ellos, luego durante un tiempo les compartía las escrituras. El punto es que desprovisto de todo sostén oficial, Jorge Müller dependía de Dios en este y todos sus proyectos. Y Dios fue fiel, pues nunca le faltó comida para compartir. Al poco tiempo de iniciado el trabajo con los niños, ya alimentaba a una treintena de ellos por día.

Müller comentaría que un día, mientras leía el Salmo 81:10: “Abre tu boca, y yo la llenaré”, le vino a su mente la necesidad de abrir un orfanato. Así que de inmediato, alquiló una casa. El primer mes tenía alojado más de cincuenta niños. Así, mes tras mes, la obra siguió creciendo, al tiempo que mayor era la dependencia de Dios.

Una vez el doctor A. T. Pierson fue huésped en su casa y cuenta que una noche el hermano Muller le llamó a orar y que su necesidad especial era que no había nada con que alimentar a los huérfanos hospedados en el orfanato. Pierson le recordó que todo estaba cerrado, pero él insistió en que oraran. Lo hicieron, se fueron a acostar y al día siguiente tenían el alimento necesario para salir adelante.

Ellos se preguntaron cómo sucedió; la historia fue que una persona fue despertada esa noche por el Señor y motivada para que llevara alimento al orfanato para suplir las necesidades de todo un mes.

Al año y medio de inaugurado su primer orfanato, ya estaba abierto el tercero. De a un chelín o de a miles, nunca faltó pan, aunque tampoco no faltó oportunidad para que la fe de Müller no fuera probada una y otra vez.

El cólera y la viruela hicieron estragos en Europa. Esto trajo más trabajo para la obra de Müller y su esposa. A la tercera casa sucedería una cuarta, una quinta y una sexta. Los niños ya se contaban por sobre los dos mil. Así es que muchísimos se encontraron con un hogar y con Cristo, y no faltó la oportunidad para ver la mano milagrosa de Dios.

Jorge Müller, hombre sensible, y amante del pueblo judío, a la edad de 93 años, pleno de salud espiritual, fue llamado a las moradas celestiales. Grandes testimonios se han desprendido de la vida de este hombre; por su causa miles y miles de niños fueron alimentados y otros tantos adultos llegaron a conocer a Jesús.

Jorge Müller fue padre de miles y un apasionado hombre de oración.
JUAN WESLEY
Juan Wesley nació el 17 de Junio de 1703 en un hogar sumamente pobre.

Wesley estaba apenado por la insensibilidad de la iglesia de
Inglaterra, pero no veía solución, él con su hermano, pasaron
a Georgia a una colonia inglesa en los Estados Unidos, al regresar a Inglaterra , lo invitaron a un culto y mientras el predicador leía el prologo de la epístola a los Romanos , el Señor tocó su corazón y aceptó a Cristo como su salvador y Señor,.

Fue enorme el cambio que experimentó, quería conocer el propósito de Dios para su vida y para los demás así realizó las siguientes acciones:

Cubrió mas de 6.000 Km. anuales predicando a mas de 40,000 personas.

Predicaba a las 5 de la mañana para que las gentes pudieran oír el evangelio antes de dirigirse a las minas o a las fábricas.

Sentía una pasión especial por los pobres a los que incluía en su predicación y posterior en su acción social.

Abrió centros para la atención de enfermos y donación de medicinas.

De su propio dinero ayudó a los pobres y necesitados apoyando en los principios basados por el Señor.

MARIA B. WOODWORTH - Etter
1. LOS DOLOROSOS COMIENZOS María nació el 22 de Julio de 1844 in New Lisbon, Ohio. Fue la cuarta hija de unos granjeros, Samuel y Matilda Underwood, y de niña padeció la angustia de tener un padre alcohólico y un hogar sin Cristo.

Cuando María tenía diez años de edad, su padre se convirtió, y empezó a asistir a la Iglesia y a orar por su familia. A los trece años de edad María fue a la Iglesia y se conmovió cuando escuchó el mensaje de salvación. Desde ese entonces, ella escuchó el llamado de Dios para servir como predicadora del mensaje de salvación, pero se convenció a sí misma que esto no podía ser, a menos que se convirtiera en la esposa de un misionero, porque en esa época las mujeres solas no podían predicar y ni siquiera podían votar. Hoy sabemos que ese fue su primer gran error, porque Dios siempre pasará por encima de todas las circunstancias para cumplir Su propósito en aquellos a quienes Él mismo ha llamado.

María no pudo continuar sus estudios porque su padre murió y ella tuvo que trabajar para aportar al sostenimiento de la familia, y en medio de su tribulación conoció al joven soldado John Woodworth, quien regresaba de la guerra civil norteamericana. Aún sin ser cristiano, María se casó con él y trabajaron juntos en la granja en medio de penurias y dificultades. Tuvo seis hijos y murieron cinco de ellos, lo cual trajo mucho dolor a su vida. Solamente sobrevivió su hija Lizzie.

En medio de esta vida, Maria recordaba su llamado a servir al Señor y cada vez lo veía más lejos de la realidad, como un sueño imposible de cumplir, porque su esposo se resistía y rechazaba lo relacionado con el llamado de ella y vivía muy amargado. También tenía oposición en la Iglesia en que se congregaba, porque allí no aceptaban mujeres en el púlpito.

A pesar de la vida miserable que estaba viviendo, en la que nada de lo que hacía prosperaba, María nunca renegó de Dios, ni levantó su voz contra el Altísimo, sino que empezó a estudiar con hambre y sed la Palabra de Dios, y descubrió que el Señor sí usa a las mujeres en Su obra. Especialmente se sintió impactada por la profecía de Joel, Capítulo 2, al ver que Dios usará tanto a hombres como mujeres, a jóvenes, a niños y también a los ancianos.

2. EL MINISTERIO
María se dio cuenta que ya no podía seguir inventando excusas para huir del llamado de Dios. Empezó a tener visiones y a sentir dolor por las almas que se perdían en el Infierno. Ella decía que en cada visión que Dios le daba, aprendía tanto de la Biblia como si hubiera pasado muchos años de enseñanza en el Seminario Bíblico.

Dios le dio visiones en las que Jesús le decía: “Ve y yo iré contigo”. También le prometió en una visión que cuando ella predicara, las personas caerían. Todo esto la llevó a rendirse finalmente ante el llamado de Dios y le pidió que la ungiera con el Espíritu Santo. Este fue el punto decisivo para iniciar su ministerio.

Cuando ella le pidió a Dios el bautismo del Espíritu Santo inmediatamente lo recibió como “fuego líquido”, según sus propias palabras, y ese fuego siempre la acompañó por el resto de su vida.

La primera reunión evangelística que dirigió fue en su propia casa, con sus familiares, y desde ese momento se hizo evidente el poder de Dios sobre su vida a través de las señales y prodigios que fueron siempre las marcas de su ministerio. Luego, empezó a predicar más allá de su propia comunidad, empezó a hacer Campañas Evangelísticas y los Pastores de muchos lugares la invitaban porque querían que la predicación de ella avivara sus Iglesias.

Dios le prometió que cuando ella abriera su boca para predicar, Él la llenaría con Sus palabras. Esta promesa se cumplió literalmente: en sus reuniones muchas personas no podían soportar el poder del Espíritu Santo y la convicción de pecado y salían corriendo, gritando, porque querían recibir a Cristo en sus corazones. Ella disfrutaba de una profunda comunión con Dios, y esa vida de intensa oración se reflejaba en sus servicios.

El ministerio de María Woodworth creció aceleradamente, miles de personas venían a sus Campañas Evangelísticas y cada vez crecía más la unción. Empezaron a suceder increíbles sanidades en su ministerio; la gente caía al piso bajo el poder de Dios: María quedaba quieta por varias horas mientras tenía poderosas visiones de Dios; a veces se sacudía, temblaba y rodaba por el piso, como resultado de la fuerza incontenible del poder de Dios que se manifestaba sobre ella. Hablaba en lenguas, algo que no se veía en su generación, y ministraba a sus oyentes el Bautismo del Espíritu Santo, dieciocho años antes del inicio del Movimiento Pentecostal. Por todo esto, a Maria Woodworth se le conoce como la “Precursora del Movimiento Pentecostal”.

Muchas personas eran salvas en sus reuniones, inclusive líderes y ministros de las diferentes Iglesias; otras personas eran sanadas milagrosamente; otras caían como muertas al suelo y allí duraban horas; algunas personas tenían visiones que transformaban para siempre sus vidas y sus familias.


3. VENCIENDO LA OPOSICIÓN
Debido al gran impacto de su ministerio, y a las manifestaciones emocionales que se veían en sus cultos, muchos detractores empezaron a ridiculizarla, pero ella no se defendía sino que continuaba con más fuerza haciendo lo que Dios la había llamado a hacer. En su concepto, las manifestaciones del Espíritu Santo no eran nada nuevo, sino algo que la Iglesia de Jesucristo había perdido durante mucho tiempo. Y respecto de los detractores decía: “Cuando las personas no comprenden, persiguen”. Como resultado de la persecución, su ministerio creció mucho más. Llegó a predicar en reuniones de más de 25.000 personas y ¡SIN MICROFONO!

Pero el enemigo siguió atacando y golpeó con fuerza en su propio hogar: su marido le era infiel y eso salió a la luz pública durante una Cruzada que María realizaba en Oakland, California. Ella decidió abandonarlo en Enero de 1891; un año después él comenzó a calumniar públicamente el ministerio de esta sierva de Dios, pero casi inmediatamente murió de fiebre tifoidea (en junio de 1892). Una gran muestra del carácter verdaderamente cristiano de Maria Woodworth se evidencia en el hecho que, a pesar de la tormentosa relación con su ex – esposo, ella asistió al funeral y oró en el servicio.

Otro hecho que fue muy controvertido en su ministerio fue cuando en 1890, profetizó que la Costa Oeste de los Estados Unidos sería destruida por una gran catástrofe. Muchos Pastores y Ministros estaban a favor de ella y otros en contra. Los periódicos sensacionalistas publicaban todos los días diferentes versiones y muchas mentiras, lo cual instigó a personas violentas que eran miembros de pandillas y empezaron a atacar sus servicios de milagros en Oakland. Sin embargo, a pesar de toda la burla y el rechazo, su palabra profética se cumplió en 1906 cuando la ciudad de San Francisco sufrió el más grande y terrible terremoto que ha afectado la Costa Oeste en toda su historia.

4. TIEMPOS DE REFRIGERIO
Diez años después de la muerte de su esposo, conoció a quien se convertiría en su esposo, Samuel Etter, un cristiano fiel, lleno del Espíritu Santo, con quien se casó en 1902. Con este hombre de Dios, Maria disfrutó la felicidad de un matrimonio cristiano, recibiendo de él todo el apoyo que necesitaba para el ministerio y el amor y cuidado que nunca había tenido. Samuel Etter murió doce años después de su matrimonio.

Después de cuarenta y cinco años de ministerio predicando en Campañas itinerantes por todos los Estados Unidos, Dios le dijo que abriera una sede permanente en Indianapolis y ella construyó el templo, que fue llamado Tabernáculo, al lado de su casa. Este templo fue inaugurado en mayo de 1918 y en él ministraría Maria Woodworth los últimos seis años de su vida.

En sus últimos días la llevaban de su casa al Tabernáculo, sentada en una gran silla de madera. Ella oraba e imponía las manos sobre los enfermos y éstos se sanaban. Algunos sanaban con su sola presencia. Ella decía que predicaría hasta el final de sus días porque “Es mejor gastarse por Jesús que herrumbrarse”.

A mediados de 1924 murió su hija Lizzie y, a pesar del dolor y de su salud deteriorada, María dirigió el funeral. Con este triste episodio, María Woodworth terminó de enterrar a toda su familia y poco tiempo después, cuando ya había cumplido ochenta años, ella misma partió con el Señor a su hogar en el cielo.


Hoy es considerada por muchos cristianos como la más grande mujer Evangelista en la historia de la Iglesia.

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